Los incendios son un peligro constante cuyas consecuencias pueden ser muy graves (sufrir quemaduras, perder la vivienda o propiedad e incluso la vida). En España se calcula que hay al año unos 120.000 incendios, que causan un número de muertes un 50% superior al resto de los países comunitarios. Dos de cada tres hogares españoles son inseguros en este aspecto.
Un pequeño incendio puede ser un gran riesgo, debido a los gases que produce. Las casas modernas están equipadas con muebles y objetos fabricados con materias plásticas, que emanan un gas muy tóxico al incendiarse.
Para lograr acabar con el peligro que estos incendios domésticos suponen, nada mejor que la colocación de detectores de humo en lugares estratégicos del hogar, que actuarían detectando el humo en el momento de producirse y emitiendo una señal de alarma perfectamente audible por los ocupantes de la casa.
Hay en el mercado una amplia gama de detectores de humo, tanto del tipo autónomo (atornillados al techo y que no necesitan de un sistema de alarma más sofisticado) como de los que van integrados en el sistema de seguridad contra robo e incendio de la vivienda.